Ayuda para escritores (III): Cómo y cuándo describir (pt.1)

¡Muy buenos días, tardes o noches, Sednitas! Hoy vengo con una nueva entrada de ayuda, en este caso, escrita por un colaborador nuestro, ¡os dejo con él!

1. Las cosas que no decimos.
La mayoría de los escritores alguna vez se ha planteado estas preguntas: ¿Debería describir los paisajes? ¿Estaré describiendo bien? ¿Será demasiado? ¿O demasiado poco? ¿Este es el mejor momento para añadir una descripción? ¿Estaré rompiendo el ritmo narrativo?
Antes que nada me gustaría avisar de que todo esto se basa en mi propio estilo y experiencia, por lo que no son normas universales. Cada uno escribe como escribe, todo es válido y nada es descartable. Ahora bien, no quiero sonar pretencioso, pero los lectores suelen disfrutar con mi estilo narrativo. Por eso presentaré aquí algunos de los trucos que a mí me han servido.
Lo más importante es conocer el mejor momento para incluir una descripción. Muchos autores creen que una descripción detallada ayuda a sumergir al lector en la historia, y esto no es del todo cierto. Sí, es verdad que una buena ambientación ayuda a poner en escena, pero en ocasiones es mejor obviar la información.
Por poner un ejemplo hablaré de la novela “La isla del tesoro” de R.L. Stevenson. Las descripciones están bien en general, pero a veces la lectura se entorpece a causa de las pausas que hizo el autor para dar detalles paisajísticos. No es raro ver que, en mitad de una escena de acción, se detiene para explicar con pelos y señales el aspecto de la isla según la posición del narrador. Está narrado en primera persona (con POV de varios personajes), así que se te presenta el paisaje desde distintos puntos cardinales. El resultado es caótico y abstracto. Lo peor es que las descripciones son tan técnicas y con tantos nombres de vegetación, que uno se pierde entre hierbajos y árboles. Al final ni siquiera sabes qué has leído, por lo que en más de una ocasión te ves obligado a repasarlo. Desgraciadamente, cuando te encuentras con el mismo problema más de una vez, acabas por ignorar la descripción. Vaya, que yo las leía en diagonal. Al fin y al cabo eran irrelevantes para el desarrollo de la trama.
A veces, y solo a veces, la descripción del paisaje tenía que ver con lo que estaba sucediendo. Por ejemplo, que a causa de la orografía los vientos fueran más fuertes y el barco se meciera a la deriva. En estos casos me parece que sí es necesaria una descripción, pero esta debe ser cuanto más breve mejor. Por lo general, lo que un escritor quiere es que el lector entienda a la primera lo que está leyendo. No quiero desprestigiar el trabajo de ambientación –al contrario, me parece muy importante–, pero bastaría con dar ligeras pinceladas descriptivas mientras transcurren los hechos. 
Para que os hagáis una idea, en el caso de la vegetación densa, podríamos hablar de lo difícil que era avanzar por la jungla; o también podríamos decir que la luz del sol apenas podía atravesar el follaje. Si lo que queremos es hablar de una altísima montaña escarpada que había en el centro de la isla, no haría falta decir mucho más que eso. En definitiva, que más vale quedarnos cortos que pasarnos.
Todo lo que acabo de decir es válido cuando la obra va dirigida a un público generalizado, de modo que puedan leerla adolescentes y adultos por igual. Si, por el contrario, deseamos dotar nuestra obra de un cuerpo más poético, lo aconsejable es usar un estilo más rico y descriptivo. Como se suele decir, a gustos los colores. Eso sí, más poético no siempre significa que sea mejor. Recordad: lo bueno, si breve, dos veces bueno.
Habiendo terminado con los paisajes, pasaremos a los personajes. Lo primero es preguntarnos si de verdad vale la pena describirlos, hay novelas narradas en primera persona cuyo protagonista nunca llega a hacerlo. De hecho, lo raro sería que ocurriera lo contrario. ¿Por qué iba a describirse a sí mismo/a?
Digo esto porque lo más habitual entre principiantes es incluir una descripción fuera de contexto. Hablo de las típicas novelas en 1ª persona en las que el/la protagonista dice:
«Hola, soy Francisco Lachowski y soy moreno, alto, guapo y mis ojos son de color (…)».
Entiendo que el escritor/a quiera describir al protagonista de su historia, pero no tiene ningún sentido que él mismo se presente y se describa. La única excusa sería que esa historia fuera un monólogo escrito por él en persona, y solo sería salvable si el autor-protagonista lo escribió pensando que aquello lo iba a leer alguien. Una situación así podríamos encontrarla en, por ejemplo, alguien que sufre los estragos de un apocalipsis zombi y escribe su diario para que quede constancia de lo que está pasando. Ese "alguien” es el escritor y el protagonista, y lo que está escribiendo va dirigido a un lector ficticio que forma parte de la misma novela. En ese caso, el lector ficticio se vuelve real cuando los que leemos somos nosotros. Es un buen método para sumergirnos en la historia, y además tendría sentido que se describiera a sí mismo (aunque se vería como un creído, porque ¿qué coño nos importa qué aspecto tiene?). Otro ejemplo de este estilo es la nota que encuentra Evey Hammond (V de Vendetta) escrita en papel higiénico. Quien haya visto la película sabrá de qué escena hablo.
Si nuestra novela no cumple esos requisitos de estilo, la autodescripción de nuestro/a protagonista quedará forzada. Si pese a todo seguimos queriendo que se describa, una buena táctica es la del espejo. Si el personaje se planta frente a un espejo, tenemos la oportunidad idónea para describirlo a través de sus propios ojos. Para espantar toda duda plantearé otro ejemplo a continuación:
«Miro mi reflejo y sonrío al ver que esta noche me luciré en la fiesta. Normalmente me veo guapo, pero es que hoy estoy espectacular. La camiseta de tirantes me queda pegada al cuerpo, por lo que mi torso tonificado se marca bajo la tela. Mis brazos musculosos quedan al descubierto y sé que todas las chicas babearán por mis tatuajes. Para colmo, me he peinado de un modo que refuerza el color verde de mis ojos. Joder, qué guapo soy».
Con esta descripción conoceríamos el aspecto del personaje sin que quedara descontextualizado. De este modo veríamos que hay una buena razón para que se describa a sí mismo, y además nos serviría para dar las primeras pinceladas a su personalidad prepotente y ególatra.
Aun a riesgo de resultar pesado, insisto en que la descripción de un personaje no siempre es necesaria. Una novela es como un sueño: nuestro cerebro completa todo lo que no está escrito. Leer un libro es crear un pensamiento abstracto en el que se mezcla la imaginación con el raciocinio. Por lo tanto, aunque no tengamos la descripción de un personaje, en nuestra cabeza siempre se formará una imagen para representarlo. Por lo general le otorgamos un aspecto que concuerde con su personalidad. Esto ocurre porque conocemos a alguien (sea un actor, sea una persona de nuestro entorno, sea un personaje de ficción) que nos recuerda a él/ella.
Incluso podríamos decir que en muchos casos la descripción del personaje no importa en absoluto. Pese a haber dado una gran cantidad de detalles físicos, cada lector lo imagina de una forma diferente. En los casos más exagerados puede pasar que aunque hayamos dicho que X es pelirrojo, alguien se lo siga imaginando moreno. Ese lector volverá a visualizarlo como pelirrojo en el momento en que hagamos alguna referencia al color de su cabello, pero varios párrafos más tarde se lo imaginará moreno de nuevo.
Por lo tanto, si no nos queremos perder en descripciones, lo mejor es no hacer más que una brevísima pausa para explicar el aspecto del personaje en cuestión. Atentos al “brevísima”, porque es importante. Si queréis os lo explico con una metáfora. Un personaje es como un cuadro, y podemos crearlo pincelada a pincelada o echándole un cubo de pintura a la cara. Dad detalles, no mares de información.
Enfoquémoslo con otro ejemplo. Imaginad que estáis leyendo una novela de fantasía épica donde el protagonista visita al herrero, y este es un hombre fuerte de mediana edad, con barba hirsuta, espalda ancha y mandíbula cuadrada. Lo más probable es que estos puntos basten para que en vuestra cabeza se forme una imagen. ¿Cómo es el herrero para vosotros?
Pues os aseguro que yo me lo imagino diferente. No he hablado de su nariz, de sus labios, del color de sus ojos ni del de su cabello. Ni siquiera he dicho si tiene el cabello largo o corto. ¿Cómo lo tiene? El lector A se lo habrá imaginado de un modo, y el lector B de una forma totalmente distinta. ¿Por qué no he hablado de su cabello o del color de sus ojos? Pues porque es irrelevante. Quería transmitir un mensaje: este herrero es un hombre que impone. ¿A todos os ha transmitido eso? En caso afirmativo, es una descripción simple que cumple con su cometido.
No quiero engañar a nadie, el ejemplo de antes no es el único tipo de descripción válido. Podemos describir de diferentes maneras según lo que nos interese. La del herrero es una descripción simple que plantea la introducción de un personaje anecdótico, por lo que probablemente no querremos profundizar mucho más de lo que ya hemos hecho. Si por el contrario queremos hablar de uno principal (o con un peso sustancioso en la trama), podemos describirlo un poco más a fondo. ¿Cómo es su mirada? ¿Qué es lo que transmiten sus gestos? ¿Cómo habla? Recordemos lo del cuadro, todo esto se tiene que pintar poco a poco. Un personaje importante no se plasma solo con descripciones, sino con gestos y diálogos. Son importantes precisamente por eso, porque se moldean junto con los acontecimientos.
Y por último hablaremos de la descripción caricaturesca. Esta nos sirve tanto para personajes secundarios importantes, como para personajes prácticamente “terciarios” (o sea, de relleno).
Por Wattpad empecé a leer una novela –no recuerdo el nombre– donde un general era descrito como un hombre fuerte, calvo y con un enorme bigote. Esto habría bastado para presentarlo, pero la autora hizo hincapié en los pelitos más rubios del bigote, así como en otros aspectos bastante detallados. ¿Cuál es la razón de esto? Pues la verdad, no sé qué razones tuvo ella, pero yo solo lo haría de ese modo para caricaturizarlo. Ojo, caricaturizar no significa ridiculizar.
Es decir, que una descripción caricaturizada es la que se centra en los detalles más llamativos. Una sola cosa –a veces insignificante– basta para formar toda la imagen del personaje. Os planteo otro ejemplo:
En 1984, la novela de George Orwell, se describe un militar como un hombre pálido y de semblante apático, de modo que su rostro parecía hecho de cera. Cuando tenía que referirse a él, el autor lo simplificaba con un “el hombre de rostro de cera”. Lo está caricaturizando, no dice prácticamente nada de sus rasgos físicos, y sin embargo nos lo imaginamos. No sabemos si ese militar tenía los ojos azules o marrones, si era moreno o rubio, alto o bajo, gordo o delgado, si su nariz era grande o pequeña, si tenía el cabello largo o corto, si tenía barba o estaba afeitado… No sabemos nada de todo eso, pero nuestra cabeza forma una imagen para representar el personaje. Con esto vuelvo a lo que comentaba en el principio de esta entrada: nuestra imaginación completa todo lo que le falta a la descripción (siempre que esta se parezca a algo que hayamos visto antes).
Y con ese ejemplo termino esta entrada, más adelante volveré a retomar el tema de las descripciones. No sé si lo que he escrito os habrá servido para algo, pero espero que al menos os haya hecho pensar sobre el valor de la información que obviamos. Esto no es una guía para enseñar, sino más bien para recapacitar.
Seguramente he olvidado muchísimos tipos de descripción. Si se os ocurre alguno más decídmelo en la caja de comentarios, en las próximas entradas hablaré de ellos.

Escrito por Granuja (https://www.wattpad.com/user/Granuja

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2 comentarios:

  1. Muy interesante, son muy buenos consejos para ayudarnos a dosificar nuestra ansia por dar el cuadro completo (que a menudo es innecesario).
    Sin embargo, quisiera hacer una nota: en algún blog de escritura por ahí estuve leyendo críticas al recurso del espejo; parece que está tan usado a estas alturas, que se ha vuelto un cliché. Como ejemplo puede andar, pero recomendaría evitarlo, de ser posible.

    Saludos!!

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  2. Hola. Muy bueno, pero a mí me pasa lo contrario, soy más Raymond Carver y no describo nada jajaja quiero aprender a describir.

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